Vivimos en una sociedad de consumo cuyos límites cada vez son más ilógicos. El tipo de economía en la que se basa todo nuestro progreso depende de la fabricación en masa e indiscriminada de más productos y objetos de los que jamás podremos gastar, algo terriblemente peligroso sobre todo si tenemos en cuenta que utilizamos materiales finitos en un espacio finito. Por desgracia, la publicidad intrusiva que ya forma parte de nuestras vidas como un elemento más, nos motiva a seguir con este tipo de comportamiento tan peligroso para el medio ambiente.

Podemos ver ejemplos palpables de este sistema tan caótico en cualquier ámbito de nuestra vida. Por ejemplo, en el mundo de los libros, las propias editoriales se ven obligadas a competir entre sí con los sellos de su misma casa, publicando novedades a un ritmo vertiginoso y que no duran en el mercado más de una semana. Si calculamos que la media de publicaciones de cada sello es de 6-7 novedades al mes, queda claro el desastre. Sumémosle a este hecho el que los excedentes de libros que no se venden terminan por quemarse para evitar pagar gastos de almacenamiento.

Otro ejemplo muy sencillo es el de las nuevas tecnologías. Las casas compiten entre sí para sacar el producto más novedoso y generar ansiedad en el consumidor, que aunque tenga un objeto prácticamente igual y con las mismas funciones, ya sólo desea la versión más nueva.

Los grandes beneficiarios de estas tendencias tan dañinas, son los gobiernos y las grandes empresas. Muchas marcas muy conocidas, como por ejemplo Apple, abogan por un consumo en masa de sus productos favoreciendo la compra por impulso. Un caso muy sonado que se vivió hace algunos años en esta compañía, está directamente relacionado con la escasa duración de las baterías de los iPod. Llegó a demostrarse que se fabricaban baterías cuya duración era muy limitada para aumentar las ventas y mantener el consumo activo.

Y no es la única empresa que utiliza este tipo de triquiñuelas para aumentar sus ventas y la productividad. Amazon, por ejemplo, no tiene servicio de mantenimiento para los kindle. Lo único que puedes hacer en caso de que se te averíe es utilizar la garantía para que te lo cambien por uno nuevo. Si por un casual se te estropea pasados los dos primeros años, la empresa, puesto que no puede facilitarte un técnico para repararlo, pues según el servicio técnico saldría más caro repararlo que sustituirlo por un terminal nuevo, te hace un precio especial para que adquieras otro kindle que sustituya al estropeado.

Las principales víctimas de estos tejemanejes no son los consumidores, sino los territorios tercermundistas sobre cuyas espaldas se erige este gigante deforme. Esto territorios se han convertido en los líderes a la hora de ofrecer mano de obra barata en contra de los derechos humanos, además de utilizar sus tierras como el «basurero» del primer mundo. África es uno de los continentes más afectados en este sentido, pues son muchas las zonas que se han convertido en vertederos improvisados al recibir de las grandes naciones productos en teoría de segunda mano para mejorar el desarrollo del tercer mundo, que en realidad son simplemente basura inservible.

Aunque podemos hacer poco desde nuestra posición para lograr que la rueda deje de girar, eso no significa que no lo intentemos. Si todos los consumidores adoptamos unos criterios de compra responsables, poco a poco podremos luchar contra el sistema.

  • La próxima vez que te encuentres en el supermercado o en una tienda, antes de adquirir un nuevo producto pregúntate si realmente lo necesitas o si se trata de una compra por impulso.
  • Aboga por los comercios que promueven el comercio justo, que son ecológicos y que tienen en cuenta el medio ambiente.
  • Asegúrate de que lo que compras tiene calidad y durabilidad. Investiga antes de adquirir un producto para saber si está manipulado para que dure menos tiempo.
  • Mantén los bienes que adquieras, cuídalos, y, cuando su vida útil haya acabado, recíclalos.
  • En caso de sentirte víctima de un fraude, no dudes en ejercer tus derechos como consumidos.